Oratoria – como empezar…

Hoy quiero tratar un tema de CRUCIAL IMPORTANCIA
para todo aquel -que como usted- está interesado en
dominar el arte de hablar en público.

Coincidirá conmigo que lo más dificil de cualquier
exposición oral es EMPEZAR a hablar.

Exploremos un poco sobre el tema…

ORATORIA: LA INTRODUCCIÓN

Lo último que debe preparar es la introducción, una vez
tenga claro el panorama y el recorrido que realizará en su
disertación. Digamos que algo similar ocurre cuando se
escribe un libro. Muchos autores, lo último que determinan
es el título.

Un secreto consiste, como hemos dicho, en preparar muy
bien el comienzo. Ese comienzo, reitero, puede ser una
pregunta sencilla para el grupo. Incluso, si es necesario,
porte escrito su inicio, en caso de que fuera necesario.
Pero lo ideal es tener apuntes con las ideas básicas que
se han de desarrollar. La seguridad aplasta los nervios.
Seguridad y nervios son un plato que no combina. Puede
tener la certeza absoluta, por lo demás, de que en la
medida en que practique, en que acumule experiencias
positivas, cada vez sentirá menos ansiedad. Este es el
gran secreto. En consecuencia, no vuelva a decir sentado
lo que pueda decir parado.

Antes de comenzar, respire profundamente. Hágalo varias
veces. Llene esos pulmones de oxígeno. Se ha demostrado
que una buena oxigenación del cerebro, facilita la
reflexión y aceita la operación de la memoria. La
respiración profunda calma la tensión y disminuye
sustancialmente la excitación. Y hable con entusiasmo.
Asuma posturas y comportamientos extrovertidos. Hable con
buen volumen, póngale pólvora a la voz, hable con ganas.

Tanto si usted cree que puede como si cree que no puede,
tiene absolutamente toda la razón. Tenga una mentalidad
positiva y vaya para adelante. En la medida en que
comunique con entusiasmo, desde el principio, notará cómo
se rompen en pedazos las inhibiciones y se libera
rápidamente de las tensiones. Si es introvertido, debe
hacer esfuerzos por cambiar y comunicar con ganas. Si no
desarrolla entusiasmo en su manera de hablar, puede estar
seguro de que no lo escucharán. Una persona que no hable
con ganas, con brío, no tiene absolutamente nada que
hacer como comunicador. Si es introvertido, sencillamente
tiene que cambiar esta actitud, por lo menos en el momento
de expresar sus mensajes ante un grupo.

Siempre debe tener listo su esquema al iniciar. José
Manuel Paredes, del Dale Carnegie de Panamá, señala que
“hay que estar preparados. Hay que captar la atención
desde el inicio y, luego, vender sus ideas. No recomiendo
que se comience con un chiste, porque es posible que nadie
se ría y eso puede ser el fin de lo que pudo ser una
presentación atractiva”.

Al hablar sobre el temor del inicio, Rony Galdámez Carías,
instructor Carnegie, indica que “puede ser por las dudas
que la persona tiene frente al tema. Ese temor desaparece
cuando la persona gana confianza y seguridad en sí misma,
lo cual llega con la preparación, la práctica y el dominio
del tema. No creo que los nervios desaparezcan del todo,
pero sí se pueden sentir en el estómago mariposas, en
lugar de murciélagos. El temor puede ser dominado, aun
cuando no sea eliminado del todo”.

A su turno, Emilio Romualdo Santamaría, instructor Dale
Carnegie en Centroamérica, manifiesta que “la persona, al
inicio, tiene reacciones físicas que, bien aprovechadas,
son de beneficio. Digamos que el corazón palpitando más
fuerte, la adrenalina, los nervios agitados, son elementos
que nos preparan para el momento que estamos a punto de
vivir. No sienta esas sensaciones como enemigas, sino como
aliadas que le están ayudando. Al pensar que esto es así,
se debe ganar tranquilidad. Vea sus nervios como sus
amigos”.

Mauricio Piñol, instructor Carnegie, recomienda estar
preparados, practicar y darse lo que denomina arengas de
ánimo, como: “Sé que puedo; estoy preparado; todo va a
salir bien. Este auditorio merece lo mejor de mi y se lo
daré, etc.”.

Concéntrese en el tema y no en usted mismo ni en el
auditorio. Esto lo liberará de mucha tensión. Además, lo
más importante de un conferencista es su tema. Dale
Carnegie se preguntaba: Cuando nos acercamos a un muchacho
que vende diarios en la calle, ¿qué le miramos? ¿Las
orejas? ¿La cachucha? ¿El vestido? ¡No! Los titulares.

Lo mismo ocurre en los auditorios. Lo más importante de un
conferencista es su tema. Y en la medida en que hable con
entusiasmo, con ganas, con brío, la atención del grupo se
centrará en el tema y no en otros detalles
insignificantes.

Si se concentra demasiado en el auditorio, éste le
parecerá un monstruo de cien cabezas, botando fuego por
todas partes. La recomendación es que saque de su
concentración al auditorio y la coloque toda en el tema
por desarrollar. Ya verá cómo ese monstruo cada vez se
observa más pequeño, inofensivo y, por el contrario, se
mostrará agradecido por el servicio que está recibiendo de
un conferencista seguro, que domina su tema, que sabe de
lo que está hablando y que llega al corazón de quienes lo
escuchan.

Cuando le preguntamos a Enrique Castellanos, del Instituto
Dale Carnegie, cuáles son los principales defectos de las
personas cuando comunican frente a grupos, mencionó este
como grave: “Concentrarse en sí mismo”.

No se concentre en usted mismo. Concéntrese en el tema.

Jamás tome licor para disminuir la ansiedad. Le recomiendo
que ingiera en su lugar café o té. Estas bebidas despejan
la mente y dan la energía y la lucidez necesarias en tan
importante momento. Si ingiere licor, lo cual no es
recomendable, como queda dicho, es posible que se relaje
más de la cuenta y termine sin saber qué hay que decir,
para qué y cómo decirlo. He visto oradores absolutamente
deplorables tras haber consumido licor, y hubo algunos tan
irresponsables que, incluso, se presentaron ebrios ante el
auditorio. Ellos creen algo que siempre creen los
borrachos: que nadie se da cuenta.

Usted puede quitarse el miedo, si realmente está resuelto
a quitárselo. Esto es una realidad comprobada.

“La primera vez que hablé en público—confesó Lloyd
George–, era el hombre más desdichado del mundo. No es
metáfora, sino la pura verdad, que la lengua se me pegó al
paladar y, al principio, apenas podía articular palabra”.
Para él, como para usted, luego de la tempestad llega la
calma. Hay millones de personas, en Colombia y en el
mundo, cuyos primeros discursos fueron un fracaso. Pero
siguieron luchando, con valor y decisión, hasta cuando
lograron dominar esta habilidad. Todo es cuestión de
práctica. Todas las habilidades se desarrollan con la
práctica.

Recuerdo que cuando niño alquilaba los fines de semana una
bicicleta y que me caí decenas de veces, hasta que
aprendí. Y actualmente lo hago en forma destacada. Es una
habilidad que jamás se irá de mi, mucho menos si practico,
como lo hago en ciertas oportunidades.

Hoy tengo la certeza absoluta de que si algún día deseo
aprender a patinar sobre el hielo caeré en muchas
oportunidades, pero lo intentaré una y otra vez hasta
conseguir el dominio de esa disciplina. Lo importante no
es caer, sino levantarse. Y tener perseverancia. Tener el
firme deseo de romper los obstáculos. Usted puede hacerlo,
luego de leer este libro, de consultar un experto si es
necesario o tomar un seminario.

Nunca olvidaré la historia de un gran maestro de piano,
quien cierto día realizó un majestuoso concierto. Una
mujer, de unos 60 años, se le acercó y le dijo, mientras
le acariciaba el brazo:

–Maestro: yo daría hasta mi vida por tocar como usted.

–Pues yo la he dado, mi señora –le contestó el
pianista.

Las cosas que realmente valen la pena, requieren tiempo,
aprendizaje, esfuerzo, sacrificio. Por ejemplo, la
oratoria o el estudio de un idioma. Yo diría que un
altísimo porcentaje de los niños y adultos de muchos
lugares del mundo desearían hablar inglés o francés. Sin
embargo, ¿por qué tan pocos hablan esas lenguas que cada
vez son más importantes? Bueno: pues sencillamente porque
no están dispuestos a pagar el precio, en sacrificio, para
dominar una segunda lengua. Y, mientras tanto, las
oportunidades continuarán pasando por su lado. Aprender
sin ningún esfuerzo, es el deseo de mucha gente. Incluso
hay comerciantes que sacan provecho de esta negligente
forma de pensar. Hay que ver cómo se venden aquellos
cursos de idiomas para aprender mientras se duerme. No
faltaría tampoco gente dispuesta a pagar para que le
inyecten conocimiento, pero esto no es posible.

Una vez adquirido el conocimiento, es necesario practicar,
practicar y practicar. Platón decía que “quien aprende y
aprende y no practica, es como quien ara y ara y no
siembra”.

Hay habilidades que se pierden por falta de práctica. Se
pueden contar por millones las personas que aprendieron un
idioma y que, por no practicarlo, lo olvidaron. Y
normalmente el argumento para justificar esta actitud
injustificable es: “No tenía con quien practicar”. Sin
embargo, Luis Jorge Santos, fundador de los Institutos de
enseñanza de inglés Winston Salem, dice que una persona no
perdería habilidad si lee en inglés, oye música, ve
canales internacionales y, lo que es más importante, lee
en voz alta durante diez minutos al día. Al leer en voz
alta, es como si estuviera hablando con otra persona. No
perderá su habilidad para pronunciar en una lengua
foránea.

Pedro H. Morales, un conferencista que trabaja en varios
países de habla hispana, cuando le preguntamos qué debe
hacer una persona para ganar confianza, seguridad, nos
contestó: “Entrenamiento. La única forma que existe en el
mundo es el aprendizaje y el entrenamiento. Tal como la
gente se perfecciona en un deporte, el tenis, la natación,
el golf, exactamente, mediante la ejercitación, puede
perfeccionar su oratoria”. El autor ha visto a millares de
personas que, al iniciar, tienen turbación y nervios.
Incluso muchos piensan y dicen que jamás superarán esta
situación. Pero luego comprueban que sí pueden, si
realmente tienen el ferviente deseo de desarrollar esta
habilidad. Tanto si usted dice que puede como si dice que
no puede, tiene absolutamente toda la razón. Esta es una
reflexión llena de sabiduría. Otra indica que no hay cosas
imposibles sino hombres incapaces.

Muchos oradores ya famosos, hábiles, reconocidos, sienten
cierto temor antes de iniciar. Pero este temor jamás los
paraliza. Lo que realmente demuestra esa ansiedad inicial
es que son personas responsables, que saben la clase de
compromisos que enfrentan. Nunca desaparecerá la
inquietud, la ansiedad antes de una intervención frente a
un grupo. Esto demuestra responsabilidad del orador y el
respeto que siente por el auditorio. Lo que no puede
ocurrir es que esta ansiedad paralice a quien desea
pronunciar sus palabras. Para hablar parado no se necesita
ser valiente sino tener dominio de uno mismo.

Si una persona realmente tiene el deseo de aprender a
hablar de pie, frente a grupos, si tiene un deseo vivo,
puede contar con la certeza de que logrará éxito. Bueno:
realmente uno tiene gran éxito cuando aprende cosas que le
gustan, que desea fervientemente. Tal vez por eso yo fui
un buen estudiante de historia, geografía, español y
pésimo en matemáticas, cálculo y álgebra.

Es muy importante que piense lo que significará en su vida
esta habilidad. Lo que significará en términos de nuevas
oportunidades en el estudio, en el trabajo, en su
comunidad. Si algo da don de mando, es la comunicación.
Piense en las satisfacciones espirituales y de toda índole
que le brindará el hablar hábilmente frente a grupos. Y
luego, manos a la obra.

Samuel Aun Weor dice: “Para cambiar es necesario saber;
para saber hay que aprender; y para aprender hay que hacer
grandes sacrificios”.

Hay que confiar en que sí se puede, como decía el
expresidente colombiano Belisario Betancur.

“La confianza en sí mismo, es el primer secreto del
éxito”, opinaba Emerson. ¿O usted qué cree?

Hoy realmente todo es comunicación. Veamos cómo en la
medida en que los procesos se automatizan, la gerencia
cada vez se centra más en la comunicación.

Antes los gerentes vigilaban que los operarios hicieran
marchar máquinas. Pero hoy, la mayor parte de las máquinas
son automáticas, los procesos son automáticos y, en
consecuencia, el gerente se dedica a otra tarea vital:
lograr metas, organizar el trabajo, señalar políticas,
pautas, misiones, etc. Y todo lo hace mediante la
comunicación.

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